Si trabajas en una pyme, seguramente esta escena te resultará familiar:
Un técnico revisa un presupuesto mientras contesta un email.
Le llaman por teléfono para resolver una urgencia.
Al colgar, otro compañero le pregunta una duda del proyecto de ayer.
Cuando vuelve a la pantalla, ya no recuerda por qué había abierto el Excel.
Y todo esto… antes de las 10 de la mañana.
Mientras tanto, la empresa asume que “así son las pymes”, que todo el mundo tiene que llevar mil cosas a la vez, que la multitarea es una destreza profesional. Pero no lo es.
El multitasking es una trampa. Una trampa silenciosa. Una trampa cara. Y es probablemente uno de los principales motivos por los que tantas empresas sienten que trabajan mucho pero avanzan poco.
El problema no es la carga de trabajo: es el cambio constante de foco
La mente humana no está diseñada para saltar entre tareas complejas cada dos minutos. Cada vez que alguien interrumpe una tarea para atender otra, el cerebro necesita tiempo para reorientarse. Lo que se pierde en ese “micropivote” no se ve en los informes… pero se nota en los resultados.
En entornos multitarea, un trabajo que podría hacerse en 30 minutos se convierte fácilmente en hora y media. Y no por falta de competencias, sino por falta de continuidad. No es la carga lo que satura al equipo. Es la fragmentación.
El multitasking genera una ilusión peligrosa: parece productividad, pero no lo es
Desde fuera, un empleado que salta entre correos, llamadas, tareas y conversaciones parece muy activo. Parece implicado. Parece imprescindible. Pero por dentro ocurre lo contrario: la calidad baja, los errores aumentan, las fechas se dilatan y la sensación de no llegar nunca crece.
La multitarea crea una falsa sensación de movimiento constante, cuando en realidad bloquea el avance profundo. Es como intentar arrancar un coche, frenar, girar, acelerar y retroceder al mismo tiempo. La energía se gasta… pero no en avanzar.
La multitarea no es un síntoma del trabajador: es un síntoma del sistema
Ningún empleado decide voluntariamente trabajar en diez cosas a la vez. El multitasking surge cuando la empresa:
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No define prioridades claras.
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No establece criterios de urgencia.
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No organiza el trabajo en bloques.
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No protege el tiempo de concentración.
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No tiene un sistema de comunicación bien diseñado.
La multitarea no aparece porque alguien sea desordenado. Aparece porque la empresa no ha creado las condiciones para que el foco sea posible.
Cuando todo es importante, nada lo es
Una de las causas principales del multitasking en pymes es la falta de criterio para decidir qué va primero. Cada persona interpreta la urgencia según su contexto. Un email del CEO se convierte en prioridad absoluta. Una llamada de un cliente detiene todo lo demás.
Una duda técnica se interrumpe porque parece “rápida”.
Y lo que era un día normal se convierte en un día de saltos constantes, sin avanzar de verdad en nada. Cuando no hay una estructura de priorización, el multitasking deja de ser una excepción y se convierte en un sistema operativo… uno tremendamente costoso.
La PMO como antídoto: orden, foco y dirección
Una PMO moderna no está para llenar la empresa de procesos. Está para eliminar ruido. Introduce algo que parece simple, pero que cambia por completo la dinámica de trabajo: claridad.
Claridad sobre qué importa más y qué importa menos.
Claridad sobre quién lleva qué, para no duplicar esfuerzos.
Claridad sobre qué tareas requieren concentración y cuáles pueden esperar.
Claridad sobre el ritmo semanal, para que la empresa deje de improvisar.
Cuando el equipo deja de adivinar y empieza a trabajar con un marco común, el multitasking se desploma. No porque haya menos trabajo, sino porque ahora está ordenado.
El cambio que se nota en el ambiente
Cuando una empresa reduce la multitarea, lo nota antes en el ambiente que en los KPIs:
Las reuniones se vuelven más cortas.
Las urgencias bajan de intensidad.
Los empleados dejan de mirar el reloj con ansiedad.
Las tareas avanzan con menos fricción.
La calidad del trabajo sube.
Y las personas vuelven a sentir que dominan su jornada, en lugar de ser arrastradas por ella.
La multitarea no desaparece por completo, siempre hay imprevistos, pero deja de ser el modo normal de funcionamiento.
Conclusión: el multitasking no es una habilidad, es un aviso
Cuando el equipo trabaja en modo multitarea constante, el problema no está en ellos.
Está en el sistema que les obliga a funcionar así. Eliminar la multitarea no se consigue con “más esfuerzo”, sino con más método.
En TimeXperts, ayudamos a las pymes a crear ese sistema: uno que permite trabajar con foco, avanzar con claridad y recuperar la sensación de control. Si tu empresa trabaja mucho pero avanza poco, tu problema no es la saturación: es la multitarea.
Podemos ayudarte a romper esa dinámica.
Bibliografía
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